Dos alumnos pueden decir que “necesitan clases de Inglés” y estar buscando cosas completamente distintas. Uno puede tener dificultades con la gramática de 3º de ESO, otro entender bastante bien pero ser incapaz de mantener una conversación y un tercero necesitar preparar un B1 o un B2.
Al comenzar el curso conviene identificar esa diferencia antes de elegir profesor o empezar las clases.
La pregunta no debería ser únicamente qué nivel de Inglés tiene el alumno, sino qué necesita conseguir y qué le está impidiendo hacerlo ahora mismo.
Tres necesidades diferentes que no conviene confundir
En las clases particulares de Inglés aparecen con frecuencia tres objetivos principales:
refuerzo académico, mejora de la comunicación oral y preparación de un examen concreto.
Pueden combinarse, pero no son lo mismo.
El refuerzo escolar parte normalmente del programa que el alumno está trabajando en el colegio o instituto.
La conversación busca ganar comprensión oral, vocabulario activo, pronunciación y capacidad para expresarse con mayor espontaneidad.
La preparación de exámenes, por su parte, obliga a trabajar además la estructura y exigencias específicas de una prueba.
Elegir bien entre estas orientaciones hace que las clases sean mucho más útiles.
Cuándo el alumno necesita principalmente refuerzo escolar
El refuerzo es la opción más lógica cuando el problema se manifiesta directamente en la asignatura de Inglés.
Algunas señales son bastante reconocibles:
- no entiende las explicaciones gramaticales;
- confunde tiempos verbales que ya debería manejar;
- tiene poco vocabulario para su curso;
- comete muchos errores en ejercicios escritos;
- le cuesta comprender textos;
- obtiene notas bajas aunque estudia;
- o necesita continuamente ayuda para hacer los deberes.
En estos casos, el objetivo inicial no debería ser simplemente “hablar más Inglés”.
Primero hay que averiguar qué parte de la base académica está fallando.
Por ejemplo, un alumno puede tener problemas con el present perfect no porque ese tiempo verbal sea especialmente difícil, sino porque todavía confunde cómo se construyen otros tiempos básicos.
De forma parecida, las dificultades en writing pueden proceder tanto de la gramática como de un vocabulario limitado o de no saber estructurar una respuesta.
Un profesor de refuerzo debería ser capaz de detectar qué hay detrás del error.
En Infoclases se pueden consultar perfiles de profesores particulares de Inglés para distintos niveles y necesidades. Profesores particulares de Inglés
Aprobar Inglés y saber utilizarlo no son exactamente lo mismo
Hay alumnos con buenas notas que apenas hablan Inglés.
También existe el caso contrario: estudiantes que se comunican con bastante naturalidad pero cometen errores en gramática o en ejercicios académicos.
Esto ocurre porque aprender un idioma implica varias competencias diferentes:
- comprensión escrita;
- expresión escrita;
- comprensión oral;
- expresión oral;
- gramática;
- vocabulario;
- pronunciación.
El sistema escolar puede trabajar todas ellas, pero el peso real de cada una varía según curso, profesor y centro.
Por eso una buena nota no garantiza necesariamente fluidez oral, del mismo modo que hablar con soltura no garantiza aprobar un examen escrito.
Cuándo conviene priorizar conversación
La conversación cobra especial importancia cuando el alumno entiende más Inglés del que es capaz de producir.
Es bastante frecuente que un estudiante reconozca vocabulario y estructuras al leer o escuchar, pero se bloquee cuando tiene que utilizarlos.
Puede tardar demasiado en construir cada frase, traducir mentalmente desde el español o limitarse a respuestas muy cortas por miedo a equivocarse.
En ese caso, hacer más fichas de gramática probablemente no resolverá por sí solo el problema.
Necesita utilizar el idioma.
Las clases orientadas a conversación deberían incluir situaciones en las que el alumno tenga que:
- describir;
- explicar;
- argumentar;
- preguntar;
- reaccionar;
- reformular una idea;
- y mantener intercambios cada vez menos preparados.
La corrección sigue siendo necesaria, pero no debería interrumpir permanentemente la comunicación.
El objetivo consiste en transformar conocimientos pasivos en conocimientos que el alumno pueda utilizar.
Conversación no significa simplemente charlar durante una hora
Una buena clase de conversación también necesita estructura.
Hablar sin un objetivo puede resultar agradable, pero no siempre produce progreso suficiente.
El profesor puede seleccionar un tema, introducir vocabulario, trabajar determinadas expresiones y utilizar después ese material durante la conversación.
También puede registrar errores recurrentes y corregirlos al final.
Así se combinan fluidez y precisión.
Esto resulta especialmente útil con adolescentes que llevan varios años estudiando Inglés pero sienten que “no saben hablarlo”.
Muchas veces sí saben bastante.
Lo que les falta es práctica activa y confianza para recuperar con rapidez lo aprendido.
Cuándo hace falta preparación específica de exámenes
El tercer escenario aparece cuando existe una prueba concreta.
Puede tratarse de un examen del colegio o instituto, una prueba de acceso o una certificación oficial.
Aquí hay una diferencia importante.
Conocer Inglés y conocer el examen son dos cosas distintas.
Un alumno puede tener un nivel razonable y, sin embargo, perder puntos porque administra mal el tiempo, desconoce el formato o no sabe qué se espera exactamente de determinadas tareas.
La preparación debería combinar dos dimensiones:
- mejorar el Inglés que todavía falta;
- aprender a responder al tipo de prueba que va a realizar.
Cuanto más definido esté el examen, más importante es encontrar un profesor familiarizado con esa preparación.
No tendría mucho sentido dedicar buena parte de las clases a conversación informal si el alumno tiene a pocas semanas una prueba escrita que presenta dificultades concretas.
¿Y si necesita las tres cosas?
Es perfectamente posible.
Un estudiante puede tener lagunas gramaticales, poca fluidez y además querer presentarse a un examen oficial.
Lo importante es establecer prioridades.
Si el examen es dentro de ocho meses, probablemente haya margen para mejorar primero la base y la comunicación.
Si es dentro de seis semanas, habrá que concentrar mucho más el trabajo.
Lo mismo ocurre en el ámbito escolar.
Al comienzo de septiembre puede haber tiempo para corregir una base débil. Cuando quedan tres días para un examen, el objetivo cambia necesariamente.
Un buen plan de clases no debería tratar todas las necesidades con la misma intensidad desde el primer día.
Inglés bilingüe: un caso diferente
Cada vez es más frecuente que la necesidad no sea exactamente “aprender Inglés”, sino estudiar otras materias en Inglés.
Un alumno puede manejar razonablemente el idioma cotidiano y, sin embargo, tener dificultades para comprender Ciencias, Historia o incluso Matemáticas cuando el vocabulario académico está en Inglés.
Aquí es importante distinguir entre dominio lingüístico y dominio de la asignatura.
El profesor adecuado debe ser capaz de trabajar el idioma dentro del contexto académico que necesita el alumno.
En estos casos puede resultar útil consultar perfiles orientados a Inglés bilingüe. Profesores de Inglés bilingüe
Cómo hacer una pequeña evaluación al empezar el curso
No hace falta un examen formal para obtener una primera orientación.
Puede bastar con observar cuatro tareas diferentes.
Primero, leer. Dar al alumno un texto adaptado a su nivel y comprobar cuánto comprende sin traducir cada palabra.
Segundo, escuchar. Utilizar un audio breve y comprobar si capta la idea general y los detalles principales.
Tercero, escribir. Pedir unas líneas sobre un tema sencillo permite detectar gramática, vocabulario y capacidad para construir frases.
Cuarto, hablar. Una conversación breve muestra enseguida si el Inglés que reconoce también está disponible cuando necesita expresarse.
El resultado puede ser muy diferente entre áreas.
Y precisamente esa diferencia es la que ayuda a decidir qué tipo de clases necesita.
El error de buscar primero el profesor y definir después el objetivo
En ocasiones la búsqueda empieza al revés.
Se encuentra un profesor que vive cerca, tiene un horario compatible o cobra un determinado precio y solo después se decide qué debería trabajar.
Es preferible hacerlo en sentido contrario.
Primero:
¿qué necesita mejorar el alumno?
Después:
¿qué perfil de profesor puede ayudarle mejor?
Para un alumno de 1º de ESO que necesita aprobar la asignatura, puede ser fundamental la experiencia con Secundaria.
Para alguien que quiere ganar fluidez, importará especialmente la capacidad para dirigir conversación y corregir oralmente.
Para preparar una certificación, tendrá mucho peso el conocimiento de esa prueba.
No existe un único “buen profesor de Inglés” para todas las situaciones.
Septiembre es un buen momento para definir el objetivo
Al comienzo del curso todavía existe margen para observar sin esperar a que aparezcan problemas importantes.
Si el alumno arrastra dificultades del año anterior, conviene detectarlas.
Si obtiene buenas notas pero apenas se expresa oralmente, quizá sea el momento de cambiar el tipo de práctica.
Y si durante el curso necesitará una certificación o examen específico, conocer la fecha con antelación permite organizar la preparación sin convertir las últimas semanas en una carrera.
La ventaja de septiembre no consiste en empezar clases particulares cuanto antes por sistema.
Consiste en poder elegir con tiempo qué tipo de ayuda tiene realmente sentido.
Cuando el objetivo está bien definido, también resulta mucho más fácil seleccionar profesor, organizar la frecuencia de las clases y evaluar posteriormente si el alumno está progresando.