La educación trastornada

Stencil callejero 

La cuarta acepción de la palabra «trastornar» que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española es:Perturbar el sentido, la conciencia o la conducta de alguien, acercándolos a la anormalidad.La película documental La Educación Prohibida nos presenta a través de testimonios y voces autorizadas, el estado de trastorno en el que se halla la institución escolar en nuestros días. El sistema escolar, viene a ser el mensaje reiterado de la cinta, carece del sentido que la sociedad le presupone, no funciona, se ha desviado del camino.
El mayor logro, a mi parecer, de la película, es la crítica argumentada de ciertas prácticas pedagógicas que se dan en las escuelas de todo el mundo conocido: primar la enseñanza sobre el aprendizaje, la obsesión por un currículo oficial, la necesidad de férreas medidas de disciplina ante la incapacidad manifiesta de enseñar a convivir… y un largo etcétera que no sonará extraño ni nuevo a quienes se mueven por el espacio virtual en las redes que forman docentes inquietos e innovadores.
La vieja (ya han pasado más de cuarenta años) crítica de Illich al sistema escolar aparece reivindicada y es, quizá, otro de los puntos fuertes de la cinta. El combativo pensador, tal como recogía en Deschooling society (1971) defiende que no es lo mismo un tratamiento médico que el cuidado de la salud, no es lo mismo la presencia policial o militar que la seguridad y, siguiendo la analogía, no es lo mismo el largo proceso de escolarización que la educación. Al darle a la Escuela (una institución estatal) la exclusiva de la educación del individuo, la sociedad se «escolariza», el conocimiento se justifica según lo prolongado del «tratamiento»,  el tiempo de estancia dentro de la institución. El corolario es que cualquier otra educación es considerada «intrusismo» y señalada incluso como peligrosa. Las familias se inhiben en este proceso y dejan a sus criaturas en manos de «expertos», que los devolverán a la sociedad tras el tratamiento prescrito. Si el individuo no llegara a entrar, o saliera de la Institución antes de tiempo, se consideraría un fracasado, carente de educación (ya que no habría estado (suficientemente) escolarizado).
Ha llovido mucho desde que el sacerdote libertario escribiera sus ideas. Las circunstancias han cambiado mucho. Los cambios en las relaciones sociales, familiares, del mercado laboral y, sobre todo, la irrupción de Internet, hacen que un modelo de Escuela diferente sea, cuando menos, posible. La alternativa de Illich de acabar con la escolarización se puede flexibilizar mucho en nuestro tiempo. Eso sí, el cambio tiene que ser desde dentro del sistema. La experiencia me ha demostrado que cualquier cambio que venga de la Administración provoca un rechazo infalible en el cuerpo docente, incluso si el cambio es positivo. Simplemente no resulta creíble.
La parte, para mí, más negativa de La Educación Prohibida, y dicho sea con todo el respeto, es un cierto aire de elitismo que se desprende de algunas de las pedagogías alternativas a las que se les da voz. 
No tengo ni idea de lo que supone trabajar en una escuela privada, a la que acuden sólo estudiantes cuyos padres se preocupan de su educación, tienen un nivel económico y cultural alto y por eso buscan la mejor formación para sus hijos. Trabajo en un Instituto de Secundaria público, y ni siquiera tengo idea de lo que es trabajar en un instituto de una «zona bien», en el centro de alguna capital o en algún barrio exclusivo, donde todos los hogares poseen comodidades y todas las familias velan por la educación de sus retoños. He trabajado en zonas con altas cotas de abandono escolar y de absentismo, con un índice alto de inmigración, con un alto porcentaje de familias que no dan ningún valor a la educación de sus hijos, que no acuden al centro jamás, que no se preocupan de que sus hijas lleven al instituto cuadernos y bolígrafos, que no saben si han desayunado antes de entrar a clase…y en los puntos suspensivos hay aún historias mucho más escalofriantes que me abstengo de escribir. 
A pesar coincidir en muchas cosas con Illich y con las críticas al sistema que muestra el documental, creo honestamente en la labor de la Escuela Pública, una Escuela que se puede transformar desde dentro, que se puede deshacer de los lastres que denuncia la película. Especialmente en zonas de exclusión social, la Escuela cumple una labor muy positiva, con maestros y maestras, profesores y profesoras, que ponen en su trabajo lo mejor que tienen y es para muchos chicos y chicas, probablemente, el único contacto que tendrán jamás con una visión del mundo que defiende el bien común y la igualdad. Un mundo en el que cabemos todos.

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