La complicada ciencia detrás de la momificación

Aunque ahora las momias se hayan convertido en parte de nuestra cultura y las relacionemos con películas de terror (y alguna que otra de risa), hay toda una ciencia detrás de ellas. El proceso de momificación no solo consiste en envolver cuerpos con tiras de tela. Por el contrario, se necesita un conocimiento muy preciso de anatomía y biología humana para llevarlo a acabo. Hagamos un repaso para ver cómo funciona.

 

El ejemplo más conocido: el antiguo Egipto

La momificación que se llevaba a cabo en el antiguo Egipto es la más conocida. Se hacía aproximadamente en el 3500 a.C. Este método consistía en introducir una varilla por la cavidad nasal y hasta el cráneo. La varilla se manipulaba de tal forma que el tejido cerebral se licuaba y salía por la nariz. El resto de órganos también se vaciaban y el cuerpo se limpiaba con una mezcla de especias y vino. Después, el cuerpo se dejaba secar en sal durante unos 40 días.

Una vez que el cuerpo estaba deshidratado, se envolvía con tiras y tiras de lino. Entre ellas, los sacerdotes metían amuletos que le servirían a la persona en su próxima vida. Por último, se aplicaba una capa de resina para proteger al cuerpo de la humedad y se metía en una especie de ataúd. Dependiendo de la clase social de la persona fallecida, cambiaría el estilo de la tumba y el cuidado que se aplicaba en el proceso de momificación.

 

Momificaciones en otras partes del mundo

Cuando pensamos en momias, las egipcias son las primeras (y únicas) que se nos vienen a la cabeza. No obstante, las pruebas de momificaciones más antiguas se han encontrado en Sudamérica. Los pueblos de Chinchorro (que ahora estarían en el Chile actual) también momificaban a sus fallecidos. Al contrario que los egipcios, estos momificaban a todas las personas por igual, sin tener en cuenta su clase social. Además, aunque sus procesos se dieron 2.000 años antes que los de Egipto, eran mucho más avanzados.

Su proceso era mucho más largo. Primero, quitaban todos los órganos del cuerpo y también la piel. Para asegurarse de que no quedaba ningún líquido, quemaban los huesos con cenizas calientes. Después volvían a formar el esqueleto utilizando ramas para reforzarlo. Lo cubrían todo de nuevo con la piel y, si hacía falta, usaban piel de león marino o pelícano. El cuerpo recompuesto se cubría con una pasta de cenizas para estabilizarlo y la cara, con arcilla. Para terminar, se cubría el cuerpo con pintura negra u oscura.

 

Más curiosidades sobre la momificación

Aunque parezca una locura, no hay que morir para que comience el proceso de momificación. Una escuela budista de Japón llamada Shingon practicaba este método entre los siglos XI y XIX. Este se llamaba sokushinbutsu y era una forma de auto-momificarse. Durante unos 3 y 10 años, estos monjes seguían una dieta que consistía en comer agujas de pino, frutos secos y brotes. Esto hacía que el cuerpo se deshiciera de toda su grasa y músculo para retrasar su descomposición después de su muerte.

Después de hacer esta “dieta de árbol”, los monjes dejaban de comer por completo y solamente bebían agua salada durante 100 días. Haciendo esto, sus órganos se encogían y se convertían en momias vivientes. Cuando sentía que su último día estaba cerca, los ponían en una tumba con un agujero para que pudieran respirar. Una vez que fallecían, este agujero se sellaba.

Otras antiguas poblaciones en África, Hungría y Australia también practicaban momificaciones. De hecho, algunas culturas todavía lo hacen hoy en día. Entender cómo y por qué algunas comunidades optan por estos procesos para conservar a sus fallecidos es importante para conocer su cultura en profundidad. La clave está en el respeto.

 

Los procedimientos modernos

Los embalsamamientos que se practican en la actualidad le deben mucho a los nuevos descubrimientos médicos. Ahora, la sangre se drena de una de las venas principales y se reemplaza con una solución de formaldehído. Este ayuda a preservar el cuerpo. El resto de fluidos también se reemplaza con formaldehído y otras sustancias preservadoras como alcohol y emulsificantes. Sin embargo, este embalsamamiento arterial no es permanente. Hay que renovarlo cada cierto tiempo. Se suele usar para preservar el cuerpo de la persona durante los días del entierro.

En Estados Unidos esta forma de “momificación” o embalsamamiento es bastante común, sobre todo cuando el cuerpo tiene que transportarse de un sitio a otro. En Europa, sin embargo, no se suele practicar. Para hacerlo hay que tener ciertos permisos y tiene un precio bastante elevado.

 

La ciencia suele estar detrás de muchas prácticas culturales y ritos. En este caso, tener conocimientos de biología, anatomía e historia es fundamental. Si necesitas un poco de ayuda con estas o cualquier otra materia, visita la página web de Infoclases. Seguro que con sus clases particulares sacas todo sobresaliente.

 

 

 

 

Deja un comentario