La filología más pura llevada a la tecnología

La filología y la lingüística pueden parecer, para algunos, una pérdida de tiempo o una carrera profesional sin futuro. Sin embargo, en esta publicación os enseñaremos algunas de las aplicaciones que tienen y que demuestran lo contrario. El estudio de la lengua puede ser muy útil y ayudar al resto de la sociedad.

 

La inspiración

Esta publicación la ha inspirado la conferencia “Todo lo que un filólogo no sabe que sabe hacer”. Esta la dio Elena Álvarez, que trabaja para la empresa El Molino de Ideas, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, hace unos años.

En ella, Elena intentaba responder a la molesta pregunta que se nos hace a quienes estudiamos la lengua: “¿y la Filología para qué sirve?”. Ella viene a desmentir la creencia de que la filología no tiene futuro. Nos demuestra que los estudios de lengua ahora tienen una proyección brillante gracias a la tecnología. La filología no es cosa del pasado, sino del presente y del futuro.

 

La filología como herramienta

En la empresa en la que trabaja Elena Álvarez, así como en muchas otras empresas e instituciones de financiación pública y privada, se dedican a estudiar el lenguaje. La forman un grupo de personas entusiastas del lenguaje que se dedican a investigar sobre la lengua y, en concreto, sobre el español.

Elena habla desde su experiencia actual pero también la anterior. Se acuerda de las dudas que tenía cuando estaba en la carrera. Ella sabía que le gustaba la lingüística y que quería estudiarla y dedicarle una carrera universitaria. Sabía el por qué pero no el para qué.

Y es verdad que en algunas carreras no vemos (quizás porque nunca nos han enseñado) las salidas profesionales tan fácilmente como en otras. A parte de la docencia, que es una labor fundamental, también hay otros caminos a seguir. Y estos caminos, además, son muy interesantes y muy útiles. Porque, al contrario de lo que nos han hecho creer, estudiar la lengua es útil.

 

Informática para las lenguas

A lo que se dedica en concreto Elena es a la informática para las lenguas, que también se conoce como lingüística computacional o procesamiento del lenguaje natural. Esta rama lo que hace es recoger el conocimiento filológico y, con él, hacer herramientas que sirven para nuestro día a día, para el mundo real.

Elena define la lingüística computacional básicamente como el punto en el que la filología más pura se encuentra con la tecnología. Por una parte, hay toda una rama de la lingüística computacional que se dedica tratamiento de voz. Esta se centra en el análisis y el reconocimiento de voz humana o en la síntesis, es decir, la producción. Una aplicación práctica sería, por ejemplo, la configuración de la voz de los GPS.

Otra rama, en la que trabaja Elena, se dedica al texto escrito. Esta parte trabaja creando herramientas que son capaces de procesar texto y de extraer información de esos textos también. ¿Cómo? Pues creando reglas lingüísticas que conseguimos gracias al conocimiento filológico y lingüístico, y convirtiéndolo en herramientas tecnológicas automáticas.

 

La unión de filología y tecnología

El caso equivalente para la fonética como conocimiento soporte de la voz sintética del GPS en el texto sería el corrector ortográfico del móvil o de word, por ejemplo. Esta es una aplicación tecnológica de la filología que utilizamos a diario. Detrás de estos programas hay todo un conocimiento lingüístico.

Por ejemplo, si escribimos “epro”, automáticamente se nos corrige a “pero”. Para ello, el sistema tiene que saber que “epro” no es una palabra en castellano y que “pero” sí que lo es. Esto significa que detrás de ese programa hay un diccionario. Y también que el sistema reconoce que es bastante probable que quien escribe haya permutado una letra por otra porque están cerca dentro de la palabra.

 

 

Internet: una red infinita de texto

Vemos, por tanto, que hay herramientas informáticas que se benefician enormemente de tener un conocimiento lingüístico detrás. Otro ejemplo sería, el de la búsqueda en internet. En realidad, una búsqueda en Google o cualquier servidor consiste en meter en la caja de texto una serie de palabras. El sistema entiende que tiene que recuperar esta serie de palabras clave en las páginas web más relevantes. Este conocimiento, también, es lingüístico.

Internet no es más que un conjunto enorme de páginas web. Y las páginas web son, fundamentalmente, texto. También tienen vídeo y audio, pero estos son lengua también, aunque en otro formato. ¿Cómo no va a ser nuestro campo internet si no es más que un montón de texto?

 

Aplicaciones de la lingüística en el mundo

Como es el caso de las búsquedas o del corrector ortográfico, hay muchas herramientas que se beneficiarían de tener cierto conocimiento lingüístico detrás. Esa es nuestra nueva función como filólogos: crear modelos teóricos lingüísticos de cómo funciona el lenguaje  y, con ellos, crear herramientas informáticas. Estas se podrán incorporar a aplicaciones del día a día que requieran de conocimiento lingüístico en algún punto.

El Molino de Ideas ha creador todo tipo de programas, desde medidores de frecuencia de palabras a anagramadores, diccionarios, lematizadores, etc. Con todo esto, van creando bases de datos que recogen todo tipo de información sobre las palabras: su categoría, su frecuencia, su estructura silábica, su transcripción fonética, su nivel de complejidad según el Instituto Cervantes, etc.

 

Todo un futuro por delante

Estas aplicaciones no solo tienen utilidad en las aulas. Empresas también han acudido a El Molino de Idea y otros proyectos parecidos para incorporar la tecnología lingüística que ellos desarrollan en sus productos.

Por ejemplo, Elena habla de lo útil que fue el lematizador para una empresa de venta online. Este programa hacía que aunque la persona introdujera en el buscar “nuez” o “nueces”, donde la raíz cambia bastante, la web fuera capaz de llevarle el producto determinado.

Puede parecer una tontería, pero era un problema particular que impedía ventas y que la lingüística, unida a la tecnología, pudo solucionar. Esto es lo que Elena quiere contar: que la tecnología no le cierra puertas a la filología, sino que se las abre. Y que la lingüística no es cosa del pasado, sino que está muy presente y lo va a seguir haciendo.

 

 

Si tú también apuestas por la filología y por la lingüística, esperamos que esta publicación te haya dado esperanzas. Si es así, Infoclases te ofrece clases particulares de Lengua en Madrid y muchas ciudades de España para que tu interés por este tema siga siempre en aumento.

 

 

 

 

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