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CLASES PARTICULARES

Israel tiene las armas. Nosotras tenemos el cuerpo y la voz.

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Profesor particular Diego
PUBLICADO EL 07 DE FEBRERO DE 2020 POR DIEGO / Etiquetas:

Defensoras de derechos humanos en Palestina: ¡Israel tiene las armas, nosotras nuestro cuerpo!

Diego Ortiz Vallejo. 

 

Desde hace muchas décadas las mujeres en Palestina han puesto su voz y su cuerpo en señal de resistencia frente la ocupación israelí. En todas las manifestaciones, ha percutido el eco de sus gritos, más allá de muros y alambradas. Mujeres que son madres e hijas, pero que son ante todo el puño sobre la mesa de la dignidad de Palestina. Ponerse en los zapatos de estas mujeres implica asomarse a un escenario poco menos que infernal. Un día cualquiera, la madre, la hija o la viuda que sustentan una familia entera, salen a una manifestación. Tal vez ese día no retornen a casa por causa de decenas de motivos. Un día cualquiera, se han puesto en la primera línea de la protesta, porque están matando a hermanas y hermanos refugiados bajo una lluvia de bombas, o porque han demolido la casa de su vecina, o porque hay un muro que separa su casa de la de su familia. Ese día una cae herida, o es detenida sin causa ni juicio. Tal vez de vuelta a casa una de ellas  sea intimidada o su familia reciba amenazas . Como defensora de derechos humanos en Palestina pueden pasar tantas cosas. Es probable que, tras la protesta, aquella mujer haya llegado a casa indemne, haya abrazado a sus hijos y preparado los asuntos del día siguiente. Pero de súbito, al despuntar el alba, una tropa entera de soldados allana su casa, lo registra todo, atemoriza a sus hijos y la arrebata de ellos entre empujones e insultos, mientras es arrastrada, maniatada y arrojada como un objeto, como un  fardo  a un carro militar… Acto seguido, entra en la penumbra de una celda deliberadamente sucia y estrecha. Esos soldados la llenan de preguntas, la humillan e invaden su intimidad, la aíslan, la machacan, una y otra vez con cada segundo que marca el reloj. Ella pregunta, como K, el personaje de “El Proceso”: ¿De qué se me acusa? Con  su voz ahogándose entre paredes rugosas. La única diferencia entre una mujer defensora de derechos humanos en Palestina y el personaje de la obra de Kafka reside en que ella no pone el cuello para que sea degollada sin ninguna resistencia. Ella ha decidido gritar y organizarse. Ponerse en los zapatos de una mujer que defiende los derechos de todo un pueblo, no es simplemente leer las descripciones de la infamia.  Quizá sea una cuestión más peliaguda. Es, de hecho, una cuestión de empatía ética con el lugar de la tierra donde se  viven  las injusticias más innombrables. 

Palestina es como una “casa tomada”. La toma se ha efectuado a la fuerza. Los mecanismos represivos tienen muchos matices.Israel ha orquestado con perversa meticulosidad cada uno de ellos. Ha colonizado la casa y ha puesto nuevas paredes entre el salón y la cocina. Ya no se puede entrar a la cocina. Israel ha separado la familia y ha encerrado con llave en el sótano a tíos y sobrinos. Ha bloqueado la puertecilla del patio y emparedado las ventanas. Israel espera que los del sótano mueran y los que están en las habitaciones hacinados, desistan de golpear las paredes levantadas. De modo que mujeres y hombres, niños y niñas empiezan a gritar y esto impide el descanso de los ocupantes. Entonces, por entre las rendijas que apenas comunican una planta con  otra, Israel amedranta y amenaza… Palestina es  una “casa tomada”.

No es un relato de ficción. Se trata del día a día que encara toda la población de un Estado sin rostro definido, bajo la indolencia del mundo moderno. La ocupación colonial israelí tiene una larga historia desde los albores del siglo XX hasta hoy. Simultáneamente a esta historia, se perfilan los pasos decididos de la resistencia. Esta resistencia tiene rostro de mujer. Hoy ponen sus cuerpos, organizadas y con una larga experiencia detrás. Resisten como cuerpos colectivos a una lista numerosa de violaciones a los derechos humanos. El colmo de este panorama, siempre oscuro en su horizonte, es que el aparato jurídico de Israel ha construido mecanismos con los que blinda una ostensible acción represiva y criminal.  Uno de ellos es el de la detención administrativa que penaliza sin causa el derecho a la movilización, la protesta y la libre asociación de quienes, al sentirse vulneradas, salen a gritar por sus derechos. Los procedimientos llegan al paroxismo. El ejercicio de la protesta  se responden con  arrestos, torturas e incluso la detención de menores de edad. He aquí, el mapa aproximado de lo que significa ser defensora de derechos humanos en Palestina.

A día de hoy, las cuentas de las víctimas del sistema represivo israelí son ignominiosas: 46 mujeres en prisión  bajo el limbo jurídico absoluto, y más de 10.000 detenidas desde 1967. Este es el prontuario de un proyecto de ocupación cuyo fin es la lenta expulsión de los palestinos de su tierra. Mientras en occidente celebraremos la navidad mediante los rituales de la opulencia, habrá mujeres ultrajadas en celdas militares a lo largo del territorio ocupado. Israel ha puesto cárceles para los y las palestinas en las mismas  casas de los y las palestinas. 

De igual forma, a día de hoy, todos estos actos delictivos, expuestos hasta el cansancio ante instancias de organismos internacionales, ante diferentes comités de la ONU, ante la misma Asamblea General o ante el comité de seguridad, parecieran no tener repercusión entre la comunidad internacional, en el sentido de hacer efectiva una condena ejemplar contra Israel. Como mucho, se ha asistido a la preparación de informes de denuncia, o de investigaciones adelantadas por distintas comisiones a las que se destina comprobar lo ya comprobado por la vía del dolor y sufrimiento de un pueblo, que de ninguna manera admite asomo de dudas. Los crímenes de Israel son tan evidentes que este Estado pretende al negarlos tapar el sol con un dedo. Y no solo un organismo como la ONU está en constante observación del panorama de impunidad que campea en torno a la  cuestión palestina; sino también centenares de organizaciones de la sociedad civil y comités de base cuya función consiste en promover y proteger los derechos humanos, enfrentan una situación de incómoda impotencia. Mientras la población palestina padece la violación ininterrumpida de sus derechos fundamentales, todo el bagaje de investigaciones, informes, denuncias formales, resoluciones de la ONU, se queda en “papel mojado”. La impunidad termina campeando en el escenario internacional e Israel al mismo tiempo mantiene su proyecto expansionista de anexión de tierras mediante fragmentación territorial y apartheid según criterios étnicos, religiosos y culturales. 

En la mitología griega “Ortos” era un perro de dos cabezas. Uno de los trabajos de Hércules consistió en darle muerte. Se asocia a Orto con Cancerbero, el guardián de los infiernos. El mito resuena de forma contundente en la historia de la infamia que Israel ha fraguado contra Palestina. Pareciera verse reflejado en este relato mítico, la intención de una potencia ocupante, protegida por Estados Unidos, de hacer de Palestina (Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este) un infierno dividido a manera de un laberinto. Grandes masas de gentes retenidas en una cárcel a cielo abierto, bloqueada y hostigada sin descanso. Otra porción significativa permanece  aislada e incomunicada a través de muros, puestos de control, puertas metálicas y demás divisiones. Para completar, son ocupadas por colonias de invasores israelíes que usurpan la tierra y los recursos que ella prodiga. Estados Unidos en recientes declaraciones, tiene la voluntad política de legitimar estas colonias, además de apoyar la anexión de facto y de jure de Jerusalén por parte de Israel. Cualquier solución de paz justa, se aleja, tal como si frente al peligro de un “Ortos”, no existiese, en esta comparación mitológica, un Hércules que tuviera la misión de poner fin a la presencia del perro de dos cabezas. 

Ante este memorial de injusticias, todos y todas tenemos una responsabilidad no menor a la hora de defender los derechos humanos contra estas formas sofisticadas de racismo, apartheid y colonialismo a fin de alcanzar un mundo más justo e igualitario. Hay buenas noticias noticias a pesar de todo y aunque sean pocas. Fuera, en las calles de las ciudades y pueblos de Cisjordania, de Gaza y de Jerusalén hay mujeres que han sido invisibilizadas, empero han sido también impulsoras en la defensa de los derechos humanos. Con su voz y poniendo el cuerpo se han constituido en agentes políticos fundamentales dentro de su sociedad. Han abierto brecha a contrapelo, en la lucha por la liberación nacional y han desafiado las visiones orientalistas que, desde occidente las confinaba al lugar de agentes pasivas y víctimas de una sociedad “primitiva”.

El libreto que había creado Israel para legitimarse, se está cayendo poco a poco. La lucha contra la discriminación y la violencia de género ha sido una lucha que se orienta en principio a denunciar que, en tanto la ocupación colonial sionista se mantenga, la conquista de los derechos de la mujer se encuentra supeditada a la emancipación colonial del pueblo palestino. La liberación de la mujer pasa perentoriamente por la eliminación del apartheid, la segregación racial, el memoricidio y la limpieza étnica que esgrime Israel con  total impunidad . El papel de las mujeres en esta lucha es el papel de aquellas que “dan vida resistiendo”.

Ejemplo de esta historia es el de la Union of Palestinian Women’s Committe (UPWC),mujeres en movimiento. Punto de referencia de la labor arriesgada de las defensoras palestinas de derechos humanos. La historia de UPWC es una historia que amalgama en un solo cuerpo la resiliencia de una comunidad de mujeres. Mujeres que han decidido poner el cuerpo en defensa de los derechos de todo un pueblo, como bastión de lucha y resistencia. Su historia marca ,sin duda, el horizonte de la dignidad, la identidad y la memoria del pueblo palestino durante la larga noche de la ocupación de su tierra. Estas mujeres, poco a poco, con sus acciones están forzando un amanecer luminoso.  Mujeres que están en la calle acompañando, como un cuerpo unitario, a otras mujeres que fabrican esperanza a través de su trabajo cotidiano. Quizá sea este el nacimiento de un Hércules que libere por fin a todas y todos esos ángeles encerrados en el infierno, sea la piedra en la honda que derribe al gigante.



Reportaje hecho en el marco de la investigación sobre la Unión of Palestinian Women's Comittee. Mundubat. 


Se puede consultar el informe íntegro en: https://www.vocesdefensoras.org/territorios/el-cuerpo-y-la-voz/

 

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